Mundo de Hamacas: el santuario de artesanía latinoamericana en Gràcia

Amalur Martín regenta en Gràcia una tienda de hamacas tejidas a mano en cinco países de América Latina. El proyecto nació de dos excooperantes de Médicos Sin Fronteras.

Jordi Martí
· 3 min de lectura

Amalur Martín regenta en Gràcia una tienda de hamacas tejidas a mano en cinco países de América Latina. El proyecto nació de dos excooperantes de Médicos Sin Fronteras.

En pleno barrio de Gràcia, entre olores a campo y artesanía, cuelgan decenas de hamacas tejidas a mano en Colombia, Venezuela, México, Brasil y El Salvador. Detrás de cada pieza hay una historia, y la cuenta Amalur Martín, propietaria de Mundo de Hamacas, según publica El Periódico.

Amalur habla de las hamacas como quien habla de personas: “Son la cama de los pueblos nómadas, ligeras, higiénicas, hechas con lo que cada comunidad tiene a mano”. Con los años ha aprendido a distinguir el origen de una pieza con solo mirarla. También le fascina su lado terapéutico: en Holanda y Colombia se ha estudiado su efecto en bebés prematuros, y en Brasil existe un método, el Padovan, que las usa con niños autistas o con problemas de movilidad. Varias guarderías de Barcelona le compran hamacas para sus aulas.

“Vendemos la seguridad”, resume sobre las instrucciones de instalación que entrega con cada venta. Antes de vender, pregunta al cliente dónde se colgará, quién la usará, si hay niños o mascotas en casa. Amalur defiende crear vínculo con cada pieza y si una hamaca envejece pero aguanta, la repara. Este verano le han llegado clientes con piezas de hace 23 años que empiezan a ceder.

Según cuenta Amalur y exhibe en las paredes de su tienda con fotografías, para tener una hamaca no hace falta tener un jardín en el Caribe: los hay quien las cuelgan en la esquina del salón y las recogen cuando no las usan, los hay quienes prefieren ponerlas encima del sofá o en la terraza. Con tener el espacio y una pared fuerte para colgar el colgador, sirve.

La historia empieza en Oaxaca, México, hacia 1999, poco después del levantamiento zapatista. Amalur, vasca de Donostia, y Jan de Lange, holandés y afinador de pianos de formación, trabajaban allí como cooperantes de logística en Médicos Sin Fronteras. Se habían conocido en un curso en Inglaterra. Descubrieron las hamacas artesanales y quedaron prendados de su belleza.

Jan recordó una tienda de hamacas junto al mercado de las flores de Ámsterdam. Si funcionaba en Holanda, pensaron, podía funcionar en España. Descartaron Madrid, “es ya una urbe muy grande”, dice Amalur, y se decantaron por Barcelona. Llegaron con lo puesto y se instalaron en casa de un amigo, en Sarrià. Amalur tuvo que marcharse entonces a Bolivia para otro proyecto de Médicos Sin Fronteras. Fue Jan quien, solo, recorrió el Born, el Gótico, Gràcia y la Barceloneta buscando local. Lo encontró en la calle Ample, cerca de la Rambla. Era 2003.

Decidieron trabajar sin intermediarios, porque, como relata Amalur, cuando se trabaja con alguien de por medio el que acaba perdiendo es el artesano, y se trata de ayudarlo. Viajaron a ferias en Colombia, entre ellas Expoartesanías, y así llegaron hasta las mujeres wayúu de La Guajira y hasta los Warao, una comunidad tejedora del Delta del Orinoco, a la que más tarde pidieron piezas más grandes, adaptadas a la estatura de aquí. Hoy trabajan con artesanas de Colombia, Venezuela, México, Brasil y El Salvador. Con Venezuela, admite, todo es más duro: la política, la corrupción, un desastre natural reciente. Con todo, espera entre dos y tres años a que le lleguen esas hamacas. Tiene lista de espera. “Lo valen”, asegura.

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