La startup barcelonesa Prudencia.ai lanza una IA jurídica que verifica cada cita legal. Ya suma 15.000 usuarios y 600 clientes de pago.
En los despachos de abogados, la jornada ya no empieza solo con el correo. Se ha sumado la pestaña de una inteligencia artificial que busca jurisprudencia, analiza documentos y redacta escritos a gran velocidad. El problema era cuando esa IA inventaba información: en un juzgado, la creatividad tiene límites.
De ese miedo nació Prudencia.ai, una empresa barcelonesa fundada por el abogado Carlos Guerrero y el tecnólogo Jaume Bosch. Se presenta como el copiloto de los profesionales del Derecho: no firma demandas ni comparece ante el juez, pero promete encargarse del trabajo pesado previo. Según publica elperiodico.com, el origen fue casi de oficina: el equipo jurídico de otra startup de Guerrero necesitaba una herramienta de IA y al probar soluciones generalistas como ChatGPT descubrieron que redactaban rápido, pero podían alucinar e inventar leyes o resoluciones.
La diferencia de Prudencia.ai está en la verificación. Cuando cita una sentencia, el profesional puede abrir el documento y comprobar que existe y que dice lo que la IA asegura. La compañía adquiere resoluciones del Poder Judicial y construye con ellas un “cerebro” jurídico propio, complementado con normativa del BOE, boletines autonómicos, fuentes europeas y resoluciones tributarias.
La plataforma busca jurisprudencia, ordena los resultados según su coincidencia con la consulta y localiza los fragmentos relevantes. Después, la sentencia puede incorporarse a una demanda, un recurso o un contrato. Los despachos también pueden crear una base privada con escritos y modelos propios para que la herramienta reconozca su forma de trabajar.
El nombre no es casual. “Prudencia” remite a la cautela que exige la IA en un ámbito donde una cita falsa puede acabar ante un tribunal. Guerrero la describe como “un ChatGPT especializado en la abogacía”, aunque con verificación documental y funciones pensadas para el Derecho español.
En privacidad, la empresa asegura que los documentos y consultas de sus clientes no se utilizan para entrenar modelos externos, que opera con infraestructura europea y que cumple con el RGPD y el Reglamento Europeo de Inteligencia Artificial.
Lanzada el 2 de febrero, Prudencia.ai asegura haber alcanzado ya 15.000 usuarios registrados y 600 clientes de pago. “Hay abogados autónomos, despachos, departamentos jurídicos de empresas, asesorías, gestorías y administraciones públicas”, asegura Guerrero, quien admite estar “sorprendido” por esta evolución. La versión gratuita permite 25 interacciones; después, el plan profesional parte de 79 euros más IVA al mes por licencia.
