La huelga indefinida de bibliotecas de Barcelona, activa desde mayo, obliga a los opositores a refugiarse en bares y cafeterías. Los centros abren y cierran de forma errática.
La huelga indefinida de bibliotecas de Barcelona, activa desde el pasado 26 de mayo, está dejando a los jóvenes opositores de la ciudad sin un lugar fijo donde estudiar. Los equipamientos abren y cierran de forma errática según el día, y muchos estudiantes optan por refugiarse en bares y cadenas de cafeterías cuando se encuentran las puertas cerradas, según publica EL PERIÓDICO.
Víctor Manresa, de 39 años y vecino de la Sagrada Família, prepara la oposición a técnico auxiliar. Este jueves estudiaba en la biblioteca de su barrio, aunque durante julio, cuando las paradas fueron más intensas, tuvo que buscar otros espacios. “Si ves luz y gente, sabes que la biblioteca está abierta”, explica sobre cómo comprueba si el equipamiento está operativo.
En una situación similar está Sergio Menéndez, de 32 años, que prepara las pruebas para técnico de sonido e imagen. Durante agosto intentó estudiar entre semana en los centros de Sant Andreu y el Camp de l’Arpa, pero se los encontró cerrados. “Las otras siempre están cerradas”, lamenta en comparación con la de la Sagrada Família. Cuando falla la opción pública, recurre a lo privado: “No me queda otra que ir a un bar”.
En el mismo equipamiento se encuentra Maria Antúnez, de 26 años y diseñadora gráfica. Este verano ha acudido varias veces a estudiar y, cuando no ha podido acceder, ha tenido que improvisar: “Has de encontrar una alternativa al instante”, señala. Antúnez acudió este jueves sobre las 9:30 horas sin saber si el centro estaría abierto o secundaría la protesta, ya que asegura que esta información “no se actualiza con claridad en internet” y obliga a desplazarse en persona para comprobarlo.
El problema se repite en otras zonas como Fort Pienc. Allí, Kamar Azzouz, de 29 años, que prepara oposiciones de enfermería, y Micaela Alaniz, de 26 años, trabajadora del sector audiovisual, acuden de forma habitual por la cercanía a sus domicilios. Alaniz explica que acudió este jueves tras verificar previamente que figuraba como abierta.
Irene Galindo, autónoma de 25 años y también vecina del barrio, se encontró el centro cerrado durante sus vacaciones de agosto. Ante la imposibilidad de trabajar en su sitio habitual, acabó instalándose en un establecimiento de la cadena SandwiChez. Para evitar desplazamientos en vano, consulta la cuenta de Instagram de la plataforma Defensa de les Biblios, donde los propios trabajadores y usuarios informan sobre el estado de los equipamientos.
El pasado martes, medio centenar de personas se manifestó frente a la biblioteca de la Sagrada Família para exigir una solución inmediata al conflicto. El futuro de las movilizaciones se decidirá el próximo 14 de septiembre, fecha en la que los trabajadores celebrarán una asamblea para votar si aceptan la última propuesta presentada por el Ayuntamiento de Barcelona.
